La prostituta se arrodillaba en el primer asiento cercano al atrio. Los lunes era el único día en que podía dejar su trabajo por la mañana. Además del permiso patronal, de seguro, ningún cliente concurría a misa los días de semana. Asistían bien constituidos, los domingos con sus esposas e hijos.
Los lunes tenía la herramienta de trabajo clausurada, no así sus poros que se dilataban como las venas.
Cuando JESÚS la perdonaba con un guiño, ella alisaba las arrugas de su pollera con las manos rápidas y se despedía de ÉL..
Al llegar a la pensión colgaba amorosamente su pollera de misas en el ropero provenzal y con ella renunciaba a sí misma hasta el próximo guiño.
Esta es la primera vez que visisto este blog y me sorpredió mucho! No te conozco pero quiero felicitarte por lo que has escrito hasta aquí y pedirte que por favor no dejes de hacerlo.
Te recomiendo leas algunos textos de Angeles Mastretta, que es mi autora preferida, pero es una mexicana que cuanta muy bien historias de mujeres que luchan dia a dia y tiene una vida más real que las que se cuentan en las novelas.
Existos!!