Colgaron sus disfraces recién lavados sobre una cuerda extendida de vereda a vereda.
Mangas y piernas se estremecían suavemente con la brisa.
Una ráfaga de viento burló el ángulo de la esquina. Los artistas descansaban desnudos sentados en los balcones, entreviendo cómo sus ropajes, en un escenario de piolín y ventanas, sonreían incitados por músculos de viento.
Mientras, los vecinos sonsacaban sillas al aburrimiento, la curiosidad se acomodaba para ver la función.